¿Quieres adelgazar? No elimines el pan de tu dieta

 Todavía existe la falsa creencia de que el pan está relacionado con l aumento de peso. Pero el pan no sólo no engorda; sino que, según los expertos, está demostrado que, consumido a diario, favorece la pérdida de peso; ya que apenas contiene grasa y, sin embargo, sí aporta muchísimos nutrientes esenciales para nuestra salud. ¿Acaso no ha sido siempre el pilar fundamental de la dieta mediterránea?

Comemos menos pan del recomendado

Y, sin embargo y a pesar de su importancia, el consumo de pan en España está muy por debajo de los 220-250 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS); exactamente, unos 150 por persona –y en descenso-, según datos de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB).

El motivo es que muchas personas deciden excluir o reducir el pan de su dieta, fundamentalmente, porque creen que con ello conseguirán mantener los kilos a raya. Algo con lo que los expertos en nutrición no están para nada de acuerdo. “La forma más saludable de perder peso es con una dieta hipocalórica, variada y equilibrada, con la cantidad adecuada de hidratos de carbono y grasas, reduciendo las raciones, pero manteniendo las proporciones y acompañada de actividad física”, explica Carolina Muro, directora de la Unidad de Nutrición de FIAB.

Poder saciante

De hecho, varios trabajos de gran solidez, como el coordinado por la doctora Carmen Gómez Candela para la campaña Pan Cada Día, y en la que se analiza la influencia del pan en dietas de adelgazamiento hipocalóricas, corroboran cómo las dietas con mayor éxito son aquellas en las que se incluye la ración de pan recomendada. Así, describen cómo, durante el estudio, las personas sometidas a dietas sin pan eran más proclives a saltársela, ya que su consumo aumenta la sensación de saciedad y, por tanto, ayuda en la pérdida de peso –más aún si se trata de pan integral-. Por ello, los expertos insisten en la importancia de que, tanto el pan como los cereales, formen parte de la dieta habitual tanto de la población sana como con exceso de peso.

Aliado contra la obesidad infantil

También las cifras hablan en el caso de la obesidad infantil, según recoge el estudio Hábitos alimentarios, ingesta de energía y nutrientes y padecimiento de sobrepeso/obesidad en escolares españoles, donde se confirma que los niños que comen más pan presentan menos problemas de peso; al tiempo que se aportan nutrientes esenciales para su desarrollo como más cantidad de vitamina B1 y yodo (importantes para el funcionamiento del sistema nervioso), más ácido fólico (ayuda a la protección cardiovascular y mejora la función mental) o más zinc (para reforzar el sistema inmunitario).

Evitar que el pan se vuelva piedra

¿Cuántas han sido las veces que el pan se ha convertido en un problema por estar demasiado duro a la hora de comer?¿Cuántas veces habremos tenido que meter el pan al horno en un intento de ablandarlo? ¿Cuántas veces habremos intentado salvar partes del pan para poder tener algo que acompañar a la comida? Pues resulta que manteniendo el grado óptimo de humedad, el pan puede conservarse fresco durante varios días. Estas son las claves para conseguirlo:

Seleccionar un buen tipo de pan

Poco no es sinónimo de barato. Por lo tanto, no pensemos que por comprar una barra de pan más económica estaremos ahorrándonos algun dinerillo. Lo cierto es que los panes baratos harán que tiremos más pan, ya que los ingredientes por los que suelen estar compuestos no suelen tener la misma calidad que los de un buen pan. Los panes que podrán conservarse durante más tiempo, son los elaborados por algún tipo de grasa, mantequilla o aceite.

No comerlo caliente

Es recomendable dejar enfriar el pan recién hecho antes de servirlo. La mejor manera de hacerlo sería dejándolo al aire hasta que el pan baje de temperatura. El calor lo que hace es dejarlo correoso debido a la humedad que el pan experimenta.

Servirlo poco a poco

Muchas veces lo que hacemos es cortar todo el pan y servir los trozos en una bandeja o panera. Lo único que conseguimos con esto es contribuir a endurecer el pan, puesto que en el caso de que sobre, al estar cortado entero los trozos se secarán mucho más rapido. Por ello, la clave está en ir cortando el pan en su medida justa y según se vaya necesitando.

Elegir un buen lugar de almacenamiento

Las bolsas de tela o las de papel junto a las cajas de madera o las paneras, son los sitios idóneos donde conservar las sobras de nuestro pan. Estos materiales ayudan a que el pan respire y conserve la humedad que tiene en su interior, manteniéndolo fresco. Cabe destacar que el recurso tan extendido de las bolsas de plástico, favorece la aparición de moho y lo reblandece.

Poniendo un trozo de patata dentro de la bolsa donde vaya a introducirse el pan, se colaborará a que la textura crujiente del pan se rehidrate. La mejor manera de mantener el pan fresco una vez dentro de la bolsa, es manteniéndolo alejado del sol, en un lugar fresco y seco, a temperatura ambiente.

Por otro lado, el pan de molde permite ser guardado en la nevera, sin sacarlo de su bolsa. Esto hará que aguante más allá de su fecha de caducidad.

El pan artesanal sin embargo, conviene dejarlo al aire libre sin rebanar y apoyado sobre su parte cortada, en una tabla. Aunque esto no asegura que vaya a secarse más despacio porque dependerá de la temperatura ambiente a la que esté expuesto. No obstante, podría recurrirse a la opción de tapar el pan con un paño de cocina, para que éste dure más al aire libre.

Congelar el pan debidamente

Entero, troceado…Uno de los métodos más extendidos para la conservación del pan es el de la congelación. Siempre poniéndolo dentro de una bolsa de plástico cerrada herméticamente o envolviéndolo en papel de aluminio. Debemos saber, que aunque el pan sea un producto que aguanta muy bien la refrigeración, una vez se descongele será imposible volver a congelarlo.

Asimismo, es aconsejable que si van a congelarse panes de distintos días, se indique en una nota la fecha de cada uno de ellos, para ir consumiéndolos por orden de congelación.

La manera de descongelarlo sería posarlo al aire libre y no utilizar el microondas. Aunque podría utilizarse únicamente si se corriera mucha prisa. Aun así, sólo sería recomendable meter el pan unos segundos, siempre envuelto en papel de cocina y una vez fuera, dejarlo en reposo.

Fijarse en el tamaño

Cuanta más superficie tenga la corteza de un pan, menos tiempo tardará en quedarse seco. Todo lo contrario pasa con el pan de hogaza, también conocido como pan de pueblo. Al tener una corteza más gruesa pero en menos superficie, la miga del pan está protegida durante más tiempo. Por eso, este tipo de pan se preserva mucho mejor.

Alternativas a tener en cuenta

En el caso de que no hayamos seguido ninguna de las indicaciones anteriores, dando como resultado un pan duro e imposible de masticar, existen dos opciones:

1- Humedecerlo: Si se humedece la corteza ligeramente y se mete al horno a unos 70ºC durante unos minutos, el pan estará listo para consumir.

2- Tostarlo: En el caso de que el pan resulte demasiado duro, podría emplearse para elaborar algunas tostadas.

¿De qué demonios están hechas las Pringles?

“En un principio, la intención de Pringles era fabricar pelotas de tenis. Sin embargo, el día que esperaban la entrega del caucho, lo que llegó fue un camión cargado de patatas. Los responsables de Pringles, que se caracterizaban por su espíritu práctico y no querían perder tiempo, se dijeron: `¡Qué diablos! Cortadlas y metedlas en las cajas`”.
Este chiste que leí en internet adolece, sin embargo, de una incoherencia grave: ¡las patatas Pringles apenas contienen patata!

De hecho, según explicaron personalmente los responsables de Pringles ante el Tribunal Supremo de Inglaterra en 2008, en un caso del que lógicamente se hicieron eco los principales medios de comunicación, ni siquiera son patatas fritas. (1)

Procter & Gamble, la empresa que producía las Pringles (en 2012 vendió la marca a Kellogg´s) se negó durante años a pagar el impuesto sobre el valor añadido (IVA) especial que se aplica en Inglaterra a las llamadas “chips” y a los aperitivos a base de patata. En plena batalla legal para intentar no tener que cargar a su producto con un 17,5 de IVA, sino sólo con un 15%, la empresa explicó que, dado el escaso contenido de patata de las Pringles, y dado su proceso de fabricación industrial, la cantidad de aditivos, aromas y colorantes que contienen, las Pringles no podrían considerarse patatas fritas ni aperitivos a base de patata, que son los que tienen el IVA más alto.

Su argumento resultó tan convincente que, en una primera instancia judicial, los tribunales le dieron la razón. Sin embargo, tras ser recurrida la sentencia, tres jueces dictaron la sentencia definitiva, decidiendo que las Pringles debían tributar como patatas fritas ya que, a pesar de no estar elaboradas a partir de patatas cortadas, su aspecto era similar al de las famosas “chips” y el público las consideraba como tales.

Procter & Gamble tuvo entonces que desembolsar 120 millones de euros en concepto de impuestos pendientes de pago.

Un mundo de locos
En un primer momento cuesta creer que los responsables de la empresa prefieran tirar piedras contra su propio tejado, desprestigiando su producto, con el único fin de ahorrar impuestos. Pero la realidad es que sus argumentos eran sólidos.

Como bien explicaron, las Pringles se elaboran a partir de polvo de arroz, trigo, maíz y copos de patata, además de añadirles aditivos como el E-471 y saborizantes como maltodextrina. Este polvo, que se mezcla con agua, luego se comprime para formar una banda continua y muy fina de un metro de ancho. La masa se corta entonces en trozos ovalados, que luego introducen en un molde curvo que se fríe en aceite hirviendo durante once segundos. Al retirarlo, un ventilador se encarga de quitar el exceso de aceite y, finalmente, las Pringles pasan por un doble chorro de polvo de sal aromatizada.

Su forma perfectamente estandarizada permite encajarlas unas con otras e introducirlas en un tubo hermético, similar al de las pelotas de tenis, aprovechando al máximo el espacio. Respecto de las patatas fritas convencionales, esto ofrece considerables ventajas que permiten ahorrar en costes de embalaje, transporte y almacenamiento. Esto explica por qué las Pringles son tan habituales en aviones, trenes, dispensadores automáticos y otros lugares donde se requiere que los productos puedan ser transportados con facilidad, que no se deterioren al ser manipulados y que se conserven durante mucho tiempo sin variar de aspecto.

Cáncer en conserva
Casi ninguno de nosotros puede resistirse a los aperitivos salados; su sabor ahumado y especiado suele ser delicioso, su textura crujiente y fundente los hace irresistibles en el paladar y, una vez abierto el paquete, se necesita una voluntad férrea para no comérselo entero (como decía el slogan publicitario de Pringles, “cuando haces pop, ya no hay stop”).

Por si fuera poco, su sal nos hace salivar y activa la sensación de apetito en el estómago; y, al transformarse casi de inmediato en glucosa, estos aperitivos disparan nuestros niveles de azúcar en sangre, proporcionando al cerebro oleadas de placer.

Por desgracia, estos breves momentos de bienestar van asociados a una desagradable sensación de saciedad, pero sin dejar realmente de tener hambre, y las consecuencias a largo plazo son nefastas para la salud.

De hecho, la patata y la harina, al freírse en aceite hirviendo, dan lugar a multitud de compuestos tóxicos, algunos de ellos potencialmente cancerígenos.

El ingrediente más peligroso de las patatas fritas y de este tipo de aperitivos no es, por tanto, un aditivo, sino un compuesto que se forma durante la cocción: la acrilamida.

La acrilamida es un compuesto químico neurotóxico que aparece durante la cocción de las féculas a altas temperaturas. Afecta a la fertilidad masculina y provoca malformaciones congénitas.

Se trata de una molécula resultante del proceso denominado “glicación.

Un estudio financiado por la Unión Europea ha demostrado que existe una relación proporcional entre una tasa elevada de acrilamida en sangre y el desarrollo del cáncer de mama. Los autores subrayan, en todo caso, que su estudio no prueba la existencia de una relación directa entre la acrilamida presente en los alimentos y el cáncer, si bien aluden a dicha posibilidad, que debería confirmarse mediante estudios más exhaustivos. (2)

Para disminuir su consumo de acrilamida, evite los alimentos fritos y consuma la mayor parte de los alimentos crudos, poco cocinados o cocinados al vapor a baja temperatura.

No obstante, la forma más efectiva es, sin duda, evitar comprar alimentos industriales y platos preparados: la comida cocinada en casa suele contener menos compuestos tóxicos y es la única de cuyos ingredientes puede tener absoluta certeza.

Receta: Caldo depurativo

Tomado caliente antes de las comidas se optimiza su absorción y prepara el estómago para hacer una buena digestión. Es depurativo, apropiado para los ayunos o semiayunos, en los procesos gripales y enfriamientos, la retención de líquidos y como preventivo para la osteoporosis.
Este caldo tiene una composición rica en sales minerales por lo que tiene un efecto depurativo, desintoxicante y remineralizante.

Ingredientes:
* 1l de agua mineral (no uséis la del grifo)
* 1 cebolla
* 1 zanahoria
* 1 nabo
* 1 tira de 10cm más o menos de alga wakame
* 1 tira de 10cm más o menos de alga kombu
* Miso
* Perejil fresco o cebollino fresco

Preparación:
Se coloca en una olla el agua con las verduras troceadas y las algas. Se hierve treinta minutos a fuego lento. El caldo ya está listo. Puede guardarse en la nevera. Un poco antes de comer (mientras se prepara la comida, por ejemplo), se calienta una taza del caldo (colado o sin colar, como prefiráis), se disuelve una cucharadita rasa de miso y se añade un poco de perejil fresco cortado o cebollino.

Montaditos de tofu

Ingredientes:
1 paquete de tofu Salsa de soja o tamari
1 trozo de 10 cm alga kombu 1 diente de ajo picado
4 tostadas pan de centeno u otro Hierbas aromáticas (perejir, orégano, romero, etc)
1 hoja de rúcula Aceite oliva, sal, pimienta, vinagre de Módena
1 tomate maduro Zanahora rallada y aceitunas sin hueso para decorar

Elaboración:
3 h. antes de preparar el plato hierve el tofú 20 minutos con 2 vasos de agua y el alga, para hacerlo más digestivo.
Córtalo en láminas finas y pon a macerar junto a 3 cucharadas soperas de salsa de soja, ajo y hiervas aromáticas.
Déjalo reposar.
Escurre y asa las láminas de tofu a la plancha.
Aliña en cuencos separados la rúcula, la zanahoria, el tomate con aceite, sal pimientas y vinagre.
Prepara los montaditos por capas: Una tostada base de pan, hojas de rúcula, la rodaja del tomate, una lámina de tofu a la plancha y decora con zanahoria y aceitunas negras